miércoles, 13 de septiembre de 2017

ESCRITORES SINGULARES-19: JAVIER GARCÍA

Javier García es un ESCRITOR SINGULAR. Lo descubrí con su libro de relatos Historias desde la almohada al que seguí con su novela SIROCO, que tanto me gustó, la forma en que abordó el tema y la resolución de la trama. Ya le he preguntado (y creo que no he sido el único) para cuándo podremos leer un nuevo caso del detective Jorge Alarma. Muchos lectores esperamos que sea pronto.

Lo primero que sorprende en Javier es cuán prolífica es su producción literaria. Novelas, relatos, publicaciones online para jóvenes, su participación en ferias, presentaciones, su hiperactivo blog y su frecuente presencia en redes sociales. Parece que el día no tenga horas suficientes para tanta aportación y, sin embargo, Javier puede con todo ello (y yo creo que con más que se pusiera).

Aunque yo destacaría su narrativa relacionada con los temas sociales, eje central de SIROCO, la lectura de todo lo que escribe es tan variada que Javier tiene que gustar a todo el mundo, pues seguro que ha escrito un relato sobre un tema que a cualquiera de nosotros nos interesará.

También es miembro fundador de la asociación literaria Tirant lo Groc, que agrupa a varios escritores de Villareal, y que nació con el impulso de ser un punto de encuentro donde se puedan “difundir ideas, organizar eventos e impulsar proyectos que sean interesantes; escribir para ser leídos, crear cultura” y así “poner en valor la literatura local.

Su última novela, Crimen en la mansión Holden ha sido un éxito con el que ha recorrido la geografía española.

 A continuación comparto con todos vosotros, lectores, un relato sorprendente, evocador, que nos invita a creer, a pensar en qué viviremos cuando terminemos nuestra existencia terrenal y cómo no, lo ha ejecutado con maestría, con la sutileza de las palabras que ofrecen sentimientos construidos de sensaciones, con delicadeza y rebosante de buena energía.

Leedlo, merece la pena. Y para que conozcáis un poquito más a su autor, una breve entrevista a continuación.


¡SHHH!

Todo ocurrió en una de esas temporadas en las que crees que alguien te ha echado mal de ojo. Nada me salía bien. Me despidieron del trabajo, mi mujer me dejó por otro hombre, y para colmo de los males, mi madre cayó muy enferma por culpa de un cáncer de pulmón. Todo un puñetero pack gratuito de desgracias.
Al poco tiempo de enterarnos de la enfermedad de mi madre, la ingresaron de urgencia en el Hospital Provincial de Castellón, para tratar el temido tumor que se le había propagado por todo el cuerpo. Las palabras del Dr. Quijano, el responsable de oncología del centro, no fueron muy esperanzadoras. Cada uno de los mensajes pesimistas que salían por su boca,  se convertían en auténticos escupitajos cargados de dolor e impotencia disparados a bocajarro contra mi corazón.
Toda esa tragedia ocurrió en el verano más bochornoso que jamás he vivido.  Recuerdo a mamá abanicándose, a pesar de su estado, luciendo en su cara esa simpatía andaluza que corría por sus venas: «Coge dinero de mi monedero y ve a tomarte algo fresco, Manuel», me dijo una noche al verme sofocado frente al cristal de la ventana, con los botones de la camisa despasados por culpa del sudor y la mirada perdida en la calle, pensando en la miserable vida que me había tocado vivir. Lo hubiera dado todo por cambiarme con ella. No se merecía esa cruel enfermedad que se la estaba llevando a marcha forzada.
Le hice caso, pero no cogí el dinero de su bolso.  Me acerqué hasta ella y le di un beso en la frente: «Ahora vuelvo enseguida, mamá», le dije muy despacio para que pudiera conciliar el sueño. Antes de salir por la puerta volvió a llamarme.
—¡Manuel!
Me giré para verla y noté en su cara la expresión más tierna que jamás le  había visto.
—Dime, mamá.
—¡Te quiero, hijo! —me dijo sonriendo, con sus ojos convertidos en dos luceros brillantes.
Le respondí con mi mejor sonrisa, esa que suele dar las gracias sin decir ni una palabra. Cerré la puerta despacio y salí a buscar un refresco.
Lo recuerdo a la perfección, eran casi las once de la noche cuando me dirigía por el pasillo del hospital hacia una de las máquinas expendedoras de bebida. Me topé con un par de enfermeras que caminaban despacio, mucho más lento de lo normal. Pero eso no fue lo que me extrañó de ellas, sino que lo hacían sin dirigirse la palabra, en una sepulcral procesión. Sus piernas se movían al compás del segundero que pendía sobre la puerta de la salida: «tic, tac, tic, tac», pude escuchar el movimiento de las agujas. Cuando pasé por su lado las saludé, pero ellas no respondieron. Ni siquiera me miraron, tan sólo siguieron con la vista puesta en el frente, intentando llegar a su destino sin que nada ni nadie las entretuviera. Su indumentaria también me resultó curiosa, pues era la primera vez que veía a dos enfermeras lucir una especie de gorrito en la cabeza con una cruz roja dibujada, algo muy vetusto y extraño.
No le di más importancia, me senté en uno de los bancos del diminuto parque interior de la clínica. Fumaba un cigarro a la vez que daba pequeños sorbos a lata de refresco de cola que me compré. Entre calada y trago empecé a martirizarme por toda mi situación personal. Intenté convencerme de que yo no era el responsable de mi mala suerte, pero en realidad no era así; tenía parte de culpa como ser humano que exhalaba vida entre respiro y respiro.
Me sentó bien el refrigerio y apagué con fuerza la diminuta punta del cigarro en un cenicero. Eché de mis pulmones la última calada y decidí regresar.
Antes de llegar a la habitación volví a ver a lo lejos a esas dos enfermeras antipáticas, pero pronto advertí que no iban solas. Una mujer mayor las acompañaba. Iba entre las dos sanitarias, flanqueada por el silencio y la seriedad. No tardé en comprobar que la anciana se trataba de mi madre. Me pareció muy raro que a esa hora la sacaran de su habitación, pues en realidad estaba débil para hacerlo. No pude evitarlo, grité desde la distancia:
 —¡Mamá!
Ella se detuvo. Se dio la vuelta para saludarme y me dijo adiós con la mano. Una de las sanitarias tiró de su brazo para que reanudara la marcha. Luego recibí por parte de esa misma mujer un reproche; puso su dedo índice sobre sus labios y escuché un desagradable siseo: «¡Shhh!», me mandó callar. Después retomaron el paso y se dirigieron hacia el final del pasillo.
Aquello no me pareció normal. Corrí hasta ellas, pero poco antes de darles alcance vi algo que me impactó: mamá y aquellas dos extrañas desaparecieron a través de la pared del fondo.
Volví a correr, pero cuando llegué no pude hacer más que tocar el duro y frío tabique. Allí no había nadie, era imposible que nada pudiera atravesar el muro. No me moví del lugar durante unos minutos. Creí que tal vez había sido una cruel recreación de mi cabeza, pues llevaba demasiado cansancio acumulado.
Le quité importancia y regresé a la habitación. Antes de abrir la puerta sentí un ligero escalofrío recorrer por mi cuerpo. Cuando entré y vi a mi madre yaciendo sobre la cama lo comprendí todo. Su cuerpo ya no respiraba. Su cara pereció con la misma sonrisa que me regaló minutos antes. Cerré sus ojos para abrir el luto en los míos. Mis lágrimas y un último beso que le di en la frente fueron su único equipaje para cruzar al otro lado. No le ganó la jugada al cáncer, pero al fin pudo descansar, se lo merecía.
Desde entonces, cada vez que alguien pide silencio presto atención a todo lo que me rodea. El mutismo huele a muerte y yo intentaré escapar de ella. Aunque cien tuertos me hayan mirado, vivir merece la pena.

ENTREVISTA SINGULAR 

0.- Sé que en tus comienzos como autor editado utilizaste la autoedición. Luego has publicado con varias editoriales. Cuéntanos un poco cómo ha sido tu experiencia en ambos casos. ¿Nos podrías dar un consejo para todos aquellos que deseen publicar por primera vez?
Mi primera publicación fue un libro de poemas, al que titulé “Poemas en un Frasco”. Se trató de una publicación limitada que distribuí entre mi círculo más cercano, por este motivo decidí autopublicarlo. Años después, animado por todo los lectores de mi primer poemario y de mi blog, me aventuré a lanzar mi primer libro de relatos: “Historias desde la almohada”. Desde ese libro hasta mi última novela, “Crimen en la Mansión Holden”, han sido publicaciones que han encontrado editoriales que han apostado por ellas y su comercialización. Autoedición, edición clásica… existen varios tipos de ediciones y cada una de ellas tiene sus ventajas e incovenientes, es un tema que da para un rato de charla. Pero si os interesa un poco más, os dejo un enlace a mi blog en el que lo explico un poco más detallado:
¿Un consejo para publicar?  Paciencia, constancia y mucho cuidado con los “cantos de sirena” de ciertas editoriales.

1.- Eres un autor prolífico que ha publicado ya muchos libros, pero imagina que te dieran la posibilidad de publicar una novela con una gran editorial, de tirada nacional y promoción multimedia ¿sobre qué tema te gustaría escribirla y a qué no renunciarías bajo ningún concepto?
Suelo escribir sobre cualquier género, aunque he descubierto que me encuentro más cómodo escribiendo historias negras y policíacas. Nunca renunciaría a publicar con mi nombre. Sé que es muy común y poco comercial; una vez un editor me sugirió que buscase un seudónimo, pero lo rechacé. Yo soy Javier García Martínez, aquí y en la China.

2.- Imagino que como buen escritor que eres serás también un gran lector, ¿en qué momento del día te gusta más leer?
¡Me encanta leer! Suelo hacerlo a mediodía, después de la comida, y por la noche antes de dormir.

3.- He podido disfrutar de dos de tus libros que recomiendo a todo el mundo, SIROCO y CRIMEN EN LA MANSIÓN HOLDEN.  Cuando escribes, ¿qué temas o situaciones te inspiran? O sea, ¿Cómo te enfrentas al folio en blanco?
Soy bastante metódico al respecto,  no puedo sentarme delante de la pantalla y empezar a teclear sin más, como lo hacen otros escritores. Al folio blanco le presento batalla mediante fichas de personajes, guiones de capítulos y escenas que previamente he detallado en un esquema. Con todo ese papeleo y sabiendo qué va a ocurrir en todo momento, me es más fácil escribir.

4.- ¿Qué te acompaña cuando lees? ¿Y cuando escribes?
A la hora de leer intento que el silencio sea mi compañero, pero en cambio, cuando escribo, suelo encender el Spotify y buscar música suave.

5.- Hoy en día el número de publicaciones es enorme. Hay tal marasmo de novelas, libros de escritores noveles y ediciones clásicas que es muy difícil filtrar y decidir qué es lo que leemos. En tu caso, ¿qué es lo primero en lo que te fijas para decidir leer un libro?
Tengo tres puntos de los que no me salgo a la hora de escoger una lectura:
        1-El género.
       2-La sinopsis.      
       3-Los comentarios o reseñas que haya podido leer.

6.- Vivimos en el mundo de la hiperconexión. ¿Utilizas las redes sociales? Cuáles son las que te parecen más interesantes y por qué.
Las suelo utilizar a diario pues son una buena herramienta para ganar lectores. Por regla general utilizó mucho más Facebook, por su facilidad de manejo frente a Twitter, y este año descubrí Instagram.

7.- ¿Eres escritor de día o de noche?
La noche me susurra mejor.

8.- Aparte de la literatura, ¿qué otras artes te gustan? Cuéntanos un poquito cuáles y por qué (si es que hay un porqué).
Me encanta escuchar música, soy de los que piensa que la vida es una banda sonora, aunque soy un poco torpe para memorizar títulos, y discos. También disfruto con el teatro y el cine.

9.- Te pido ahora unas respuestas rápidas

a) ¿Nos recomiendas un libro?
El último que me acabo de leer, para amantes de lo sucio: 1280 almas, Jim Thompson.

b) Un personaje literario que sea inspirador para ti.
Me quedo con Jorge Alarma, es parte de mí y un tío muy especial.

c) ¿Qué género literario te apasiona más?
La narrativa noir, los thrillers y el terror.

d) ¿Eres de radio o de televisión?
Me cautiva más la radio, sobre todo desde que están de moda los podcast a los que puedes acceder en cualquier momento.

e) ¿Mar o montaña?
Siempre fui de montaña, pero he empezado a descubrir el mar y sus caricia en mis pies, mientras paseo y me reorganizo. Reconozco mi infidelidad.

f) La última cosa que te haya sorprendido tanto que todavía la recuerdes.
El día que me dijeron que iba a ser padre de mellizos. Desde ese momento no ha habido ninguna sorpresa que la haya igualado.

g) Una canción o cantante que tenga para ti un significado singular
Todos los días a las cinco de la mañana, suena Jump (Van Halen) en mi despertador. Desde hace mucho tiempo se convirtió en un ritmo motivador para arrancar el día. Mi mujer no piensa lo mismo.

10.- ¿Podremos disfrutar pronto de una nueva aventura del investigador Jorge Alarma? Creo que muchos lectores, como yo, nos quedamos con ganas de más cuando terminamos el libro.
La verdad es que mucha gente me ha pedido el regreso del peculiar Alarma. Tengo perfilada su próxima historia, aunque no he empezado a escribirla. Estoy en proceso de documentación, elaboración de guiones y trama. Llevará un tiempo, pero saldrá J

11.- Publicas un blog de éxito, www.xavivi.es ¿Nos puedes contar un poco tu experiencia con el mismo?
Sí, tiene seis años de publicaciones, cerca de 150.000 visitas y estoy encantado con él. En el mismo escribo poemas, relatos, reseñas…todo relacionado con el mudo de literatura.

12.- Y para terminar, me gustaría que definieras una escena lo más cercana posible a tu felicidad.

Un libro en blanco y abierto, para escribir en él las aventuras que se abren cada fin de semana con mi mujer y la sonrisa de mis hijos; lo disfruto y lo reconozco, soy feliz así, sin más.